Cincuenta años, tres cambios de manos.
Junto a Porta Adriana — la puerta romana reconstruida en el siglo XVIII, entrada al corazón UNESCO de Rávena — un solo rótulo atraviesa medio siglo de cocina casera.
«Una gran señora que los raveneses echaban de menos desde hacía dos años.»
La trattoria nace a mediados de los años setenta, a dos pasos de Porta Adriana. Se llamaba Trattoria da Tommaso, luego Il Rustichello: el toque de Erminio, su pasta servida aún en la sartén, los cappelletti que llevan su nombre.
Tras dos años a puertas cerradas, en diciembre de 2025 se encienden de nuevo las luces: Emanuele Bello, nacido en Apulia, recoge la herencia y añade su nombre al rótulo. Bello al Rustichello. Con él llegan los sabores de la Apulia dorada: las bombette, el capocollo de Martina Franca, la focaccia de la abuela Nella.
Unos pequeños retoques — luces cálidas, rincones acogedores, vinos por copa y cócteles para el aperitivo — y la sala está lista otra vez: setenta plazas, y platos que siguen llegando a la mesa directamente en la sartén, como siempre.
Caras que llegará a conocer.
En sala y en cocina somos una pequeña familia: junto a Emanuele están Gianluca, Roberta y Teresa. Como antes: quien le recibe hoy, le reconocerá mañana.
Las salas



Donde la colina besa el mar.
Spalancate le finestre al salmastro vento,
che d'una terra antica echeggia il suo canto;
qui, vecchia capitale, nella pineta
dove la collina bacia il mare,
e il sale si mesce all'aria cheta.
Tra fragranze di pane e voci antiche,
Al Rustichello risorge il tempo che fu di storie amiche
ove Ravenna spalanca il porto,
e dal mar si narran novelle lontane.
Dalla Puglia dorata, ulivi e vigne,
fino alle mura e ai frutti delle pigne,
s'intreccian storie di mani e di cuori,
di lenti fuochi, vino e dolci amori.
Nei piatti si posa il gusto del cuore,
l'eco di festa, risa e di vita,
che scalda l'anima, sospende il tempo
nell'abbraccio d'una casa sincera.
El poema se deja en su italiano original — es ahí donde canta.